Barron Trump y el autismo, una noticia que no deberíamos dar

Decir que Barron Trump, hijo del presidente Donald Trump, vive con autismo debido a los movimientos o gesticulaciones que se le ha visto realizar públicamente es un acto irresponsable, pues al asegurarlo se reproduce un comportamiento social que sólo afecta a quienes verdaderamente tienen una vida con esta condición.

El autismo es una condición de vida con rasgos fácilmente perceptibles al ojo común: comportamientos determinados, gestos y movimientos particulares, etc. Pero no debemos engañarnos, una cosa es identificar el autismo por lo que se dice de él y otra muy distinta emitir un diagnóstico basado en la intuición.

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¿Qué es el autismo?

El autismo es una discapacidad intelectual, por lo tanto no tiene cura pues no es una enfermedad, sino una condición de vida. Se trata de un trastorno en el espectro autista que provoca una concepción distinta de la realidad, pues la persona que vive con autismo puede experimentar severas crisis de ansiedad y dificultad en las relaciones sociales debido a su percepción sofocante del mundo. Es sensible a sonidos y tiende a abstraerse, pues no siente una conexión con el “mundo real”.

Vivir con autismo no es sencillo, menos con una sociedad que no comprende este tipo de condiciones y busca soluciones inmediatas como curas a males inexistentes o la discriminación, el remedio más dañino de todos. Barron Trump puede tener alguno de los comportamientos antes mencionados, pero ¿es eso suficiente para decir que el hijo del presidente de Estados Unidos vive con autismo?

Donald Trump es el presidente de EEUU con la más baja popularidad en décadas gracias a comportamientos xenófobos, misóginos y demás actitudes que lejos están de contribuir a la armonía social. Sin embargo, esto no justifica que los comentarios de personajes de la red encuentren en Barron Trump el blanco ideal de la venganza, pues al asegurar que vive con autismo por los gestos que realiza o los movimientos de su cuerpo, no ofrecen un diagnóstico basado en la buena voluntad para alertar al presidente o su esposa sobre la condición de su hijo, buscan ofender pues para ellos (y para una gran parte de la sociedad) el autismo equivale a una maldición o un insulto.


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¿Cómo se diagnostica el autismo?

The National Autistic Society, con sede en Inglaterra, cuenta con una buena cantidad de información que puede ayudar a identificar los “síntomas” de alguien que vive con autismo, además de proveer información para aquellos que en su entorno cercano convivan con alguien con esta condición. Por supuesto, también presenta la manera indicada para diagnosticar el autismo.

Mucha tristeza y frustración sentirán aquellos quienes aseguran firmemente en sus perfiles de Facebook y Twitter que Barron Trump vive con autismo, pues el diagnóstico que presenta la Sociedad inglesa es mucho más complejo que solamente mirar un video y reproducir comentarios de pláticas de café. Se necesita de un equipo de profesionales que convivan con la persona en cuestión, como psiquiatras, terapistas de lenguaje, pediatras, entre otros, además de tener una serie de criterios que deben cumplirse para determinar si una persona vivirá con autismo.

Barron Trump, el centro de la burla

La Casa Blanca emitió un comunicado en el que solicita a la prensa conservar la tradición de dejar fuera del foco público a los hijos de los presidentes. Efectivamente, Barron Trump no es el primer menor de edad en vivir la experiencia de ser hijo de un mandatario y sufrir burlas y acosos por parte de medios de comunicación, basta con recordar los bochornosos episodios de racismo que sufrieron Malia y Sasha Obama, o la tensa pubertad que debió vivir Chelsea Clinton.

Es por eso que hablar sobre Barron Trump y autismo es una noticia que no deberíamos dar, a menos claro que fuera para concienciar a la sociedad sobre esta condición de vida y promover la inclusión y empatía social. Porque hablar de Barron Trump y autismo no afecta al presidente de los Estados Unidos, lo hace a las personas que realmente viven con esta discapacidad y padecen a una sociedad indolente que ve en el autismo un llanto desmedido de niños malcriados, en lugar de una crisis por la ansiedad que le provoca su entorno. Hablar sobre autismo de manera superficial y “a la ligera” contribuye a la reproducción de estereotipos que desinforman a la ciudadanía sobre una condición que puede encontrar en su cotidianeidad y que inevitablemente dan como resultado la segregación y discriminación de un sector de la sociedad.

Si bien es cierto que cada quien es libre de publicar en sus redes sociales lo que le apetezca, también es verdad que la libertad va acompañada de responsabilidad y conocimiento. Dejemos de sentirnos especialistas y volvamos a ser más humanos, especialmente con temas que no forman parte de nuestro dominio porque, como escribe la guionista Karen Jeynes en The Huffington Post, ¿cuántos de nosotros hemos tenido una experiencia real con el autismo como para hablar de él con la mayor naturalidad del mundo?

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