Las personas con discapacidad auditiva son propensas a vivir en depresión

Estudios recientes demuestran que las personas con discapacidad auditiva son propensas a vivir en depresión, esto debido a las barreras sociales que los excluyen de ambientes como el educativo. La segregación de la que son objeto las personas sordas en el sistema educativo produce aislamiento en el individuo y este hecho transforma su cotidianeidad con comportamientos depresivos.

La detección temprana de esta condición de vida, también conocida como hipoacusia, puede contribuir a la inclusión social. En respuesta a esto comienzan a proliferar programas de salud a nivel mundial en los que se realizan estudios a infantes menores a 3 meses de edad, lo que garantiza un tratamiento adecuado que procure la ausencia de problemas cognitivos y barreras sociales que puedan afectar la calidad de vida de la persona.

Una de las herramientas que permiten a una persona en situación de sordera un mejor desarrollo es la colocación del implante coclear. La función de esta prótesis es estimular directamente el nervio auditivo por medio de impulsos eléctricos, mismos que envían la información al cerebro para que sea decodificada y entendida por la persona que decida utilizarlo.

Este implante coclear supone un avance en materia de inclusión social para las personas sordas, pues su uso beneficia el desarrollo en ambientes de trabajo y laborales, espacios en los que pueden ocurrir actos de segregación y discriminación que a la larga contribuyan a formar comportamientos depresivos. Sin embargo, algunas personas optan por no utilizarlo pues creen que contribuyen a un paradigma de normalización en la que un hombre o una mujer con discapacidad auditiva “ceden” ante las demandas de una sociedad que busca integrarlos a su esquema pero no termina de entender la cultura sorda. Para estas personas sería mejor una adecuación del sistema en la que se respete la condición de cada quien.

Vice News realiza este reportaje en el que se habla de la cultura sorda (en inglés)

Un ejemplo de lo anterior se produce en la Constitución de la Ciudad de México, de reciente aprobación, en la que se le da el carácter de oficial  a la Lengua de Señas Mexicana. Este hecho no tiene precedentes en México y permite que las personas con discapacidad auditiva puedan acceder al sistema educativo en igualdad de condiciones y sin tener que renunciar a su lengua oficial. En la práctica supone una integración social, pues se trata del aprendizaje de una nueva lengua para el resto de la población y la oportunidad de trabajar en colaboración, sin segregación y exclusión.

Expertos médicos y sociales llaman a la concienciación de este tema, pues en México no se han desarrollado los mecanismos suficientes para la detección de esta condición y mucho menos para la inclusión de las personas con discapacidad auditiva, basta recordar que es uno de los grupos sociales más discriminados del país. Se trata de una problemática social que debe importar a todas y todos por igual, pues se prevé que los casos de sordera aumenten con el tiempo. Existe un especial énfasis en la atención a la población joven, pues el uso de audífonos a gran volumen repercuten en su desempeño auditivo.

Imagen principal: Men’s Health

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