¿Cómo debe ser un museo accesible? Te hacemos 5 recomendaciones

Los museos son espacios de educación y esparcimiento. Su misión es ampliar el espectro cultural de los asistentes, claro, siempre y cuando éstos sean capaces de comprender lo que ahí se expone. Lo anterior no tiene que ver con la capacidad cognitiva de quienes acuden, sino con las estrategias que emplean los responsables de estos inmuebles para difundir la cultura, las ciencias y las artes.

Esas metodologías deben considerar la accesibilidad y el diseño universal para que los visitantes con alguna discapacidad vivan libre y plenamente la experiencia. Y aunque algunas veces parece que los ajustes a los inmuebles resultarán caros, la realidad es que la accesibilidad no es una cuestión de costos solamente.

A continuación intentamos responder cómo debe ser un museo accesible y hacemos 5 recomendaciones al respecto, en las que puede apreciarse que el presupuesto es sólo uno de los muchos factores que deben considerarse a la hora de abrir las puertas de un recinto cultural y educativo como éste.

Las usuarias y los usuarios

Lo primero que debe tomar en cuenta un museo (y cualquier espacio en general) es la definición del concepto discapacidad. Si bien existe una de uso común (la de la Convención), la práctica suele ser diferente y cada persona — según su condición– tiene necesidades particulares.

Es importante recordar también que algunas discapacidades son “invisibles”. Por ejemplo, las de tipo psicosocial, para las que deberán tomar en cuenta el diseño del espacio, o la iluminación para ciertos casos de autismo. La accesibilidad no sólo contempla lo físico o tangible, es una tarea que debe garantizar la libertad de tránsito para todas y todos sin distinción.

Las entradas

Todas las entradas deben estar libres de cualquier clase de bloqueo. En caso de que algún tipo de mobiliario, equipo o incluso basura obstruya el paso, deben habilitarse entradas alternativas que permitan el acceso del usuario o usuaria. Éste debe ser de manera independiente, a menos que el visitante requiera algún tipo de apoyo o acuda con su cuidador o cuidadora.

Si se presenta una situación como la anterior, debe tomarse en cuenta que es el acompañante quien se encargará de comunicar si se requiere algún tipo de apoyo. También debe recordarse que los acompañantes no siempre son humanos, por lo que el acceso tiene que ser libre también para animales de asistencia, como los comúnmente llamados “perros lazarillos”.

El recorrido

Una vez dentro del museo, el acceso debe ser tan libre como lo fue en la entrada. Para esto hay que realizar adecuaciones al recorrido, como el señalar correctamente la distancia entre los visitantes y lo expuesto en las salas. Esto garantiza la seguridad de la exposición y el libre tránsito de personas con discapacidad visual (que utilizan bastón para sus recorridos) o usuarios de silla de ruedas (que en su trayecto no sean golpeados por piezas).

Además los ascensores deben operar todo el tiempo; en caso contrario deben ofrecerse alternativas de movilidad o entretenimiento. Lo mismo los baños, los cuales deben estar diseñados para todos los posibles usos de un espacio como ése: desde personas con alguna discapacidad hasta aquellas que necesiten el cambiador de bebés. En suma, deben adaptarse a todas y todos sin distinción.


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Acceso a la información

La señalización debe encontrarse actualizada y en lugares accesibles para su consulta, además de impresos o realizados en todos los formatos posibles (papel, discos, usb, videos, etc.). Los mensajes ahí expuestos tendrán que ser claros y comprensibles para todas las audiencias, lo mismo en las cédulas que explican las piezas expuestas y los que los guías dan durante los recorridos.

La accesibilidad se extiende al ámbito web, pues el sitio del museo requiere cubrir los estándares internacionales en este ámbito. Además los videos (si existieran) necesitan subtitulaje e interpretación en lengua de señas, las imágenes deben contar con descripción para poder ser apreciadas por personas con discapacidad visual y, nuevamente, los mensajes tienen que ser claros para todo tipo de audiencia.

El personal

Por último, pero no menos importante, la capacitación para el personal es fundamental. Los ajustes en el espacio físico no son suficientes si no hay un proceso de sensibilización para quienes trabajan en el museo. Las y los guías deben estar conscientes de las audiencias que los visitan y adaptar su speech en función de eso, además del personal de apoyo para hacer de soporte en caso de requerir acciones de ayuda.

De igual manera los servicios médicos deben planearse adecuadamente, y la atención al cliente debe ser clara y amable (para todo el público). Y por supuesto debe estar al tanto de los tipos de discriminación que existen, para evitarlos en su quehacer y para erradicarlos si es que fuera testigo de alguno de ellos.


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En México existe una red de museos incluyentes que comparten prácticas y esfuerzos para una experiencia accesible. Además la asociación Libre Acceso ha colaborado con algunos museos, como el de Memoria y Tolerancia, en la construcción de un ambiente para todas y todos. Lo anterior, más una revisión a lo sucedido fuera de las fronteras mexicanas, acerca la cultura y contribuye a una sociedad más incluyente.

 

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