Mi Experiencia Educativa en las aulas: un constante sufrimiento.

Soy Ciro Montenegro, también conocido como Lupelena Montenegro (mi nombre artístico asociado a mi nombre asignado al nacer) y soy un chico No Binario de 32 años de edad. Nací en Navojoa, Sonora y vivo de forma independiente desde hace más de 10 años, con residencia actual en Puebla, Puebla. Soy una persona con discapacidad neuromotora, pero es preciso aclarar: la condición de discapacidad no me define, al contrario, me motiva a dar pasos adelante.

Un ejemplo de esto es que estudié químico biólogo clínico, arte dramático y arte plástico; me dedico a la gestión cultural, y soy un férreo activista por los derechos de las personas con discapacidad y el derecho a la cultura de las infancias.

Al buscar el concepto de educación, éste se refiere al proceso de facilitar el aprendizaje o la adquisición de conocimientosvalorescreencias y hábitos de un grupo de personas, que los transfieren a otras a través de la narrativa, la investigación, discusión, entre otras. Generalmente la educación se lleva a cabo bajo la dirección de figuras de autoridad: maestros, padres, hermanos, etc.; y en algunos casos, las personas podemos educarnos a nosotros mismos en un proceso llamado “autodidacta”.

La mayoría de las personas en México han recibido una educación regular, y en menor porcentaje, educación especial, pero ¿cuál es la diferencia? Dando una respuesta, la educación regular está enfocada a niños sin discapacidad y/o sin problemas de aprendizaje, mientras que la especial por mucho tiempo ha sido para niños con discapacidad y/o con problemas de aprendizaje. En mi experiencia personal, puedo opinar de ambas.

Comenzando por el principio, les platico que tengo distrofia muscular congénita, esto significa, que cuando niño no era evidente que fuera a vivir en condición de discapacidad, así que fui inscrito a mis 4 años en un jardín de niños regular. Recuerdo que mi hermana, en ese entonces de 12 años, me acompañó en todo el proceso de inscripción (estaba muy emocionado), era ya desde entonces, un devorador de conocimiento; observaba a mis hermanos mayores ir a la escuela, y yo ansiaba tener esa experiencia. Cuando llegó el gran día, mis papás y mi hermana me acompañaron al jardín de niños Leonardo López Magaña.

Pese haberme explicado varias veces cómo funcionaba ese asunto de “ir a la escuela”, nada salió como habíamos planeado, pues viví una crisis de pánico y ansiedad cuando observé a tantos niños desconocidos y una maestra con una cara nada agradable que me hicieron sentir que debía salir huyendo.

Pasé todo el día llorando hasta que llegaron mis salvadores. Creo que para todos es traumático ese primer día, más en los años ochenta, cuando no eran tan populares las “guarderías” y estabas acostumbrado a estar con mamá en casa todo el día. Después de varios intentos y acuerdos, logré integrarme al aula y la verdad fue la única etapa que disfruté el sistema escolarizado regular.

Mientras hoy en día, los niños comienzan primaria a los 4 o 5 años, yo tuve una tía maestra de educación especial, quien decidió que debía iniciar a los 7 años. Debido a la teoría de las edades de aprendizaje y entorno, a los 6-7 años se supone que el niño cuenta con la madurez y las habilidades necesarias para disfrutar el aprender a leer y a escribir, lo que propicia que estas destrezas se generen de forma mucho más rápida que en años anteriores.

Fue precisamente durante la primaria en la Escuela Primaria Benito Juárez cuando me di cuenta que era diferente al resto de los niños en el aspecto intelectual y psicosocial, pues aprendía muy rápido y me aburría muy pronto. Durante el primer y segundo año de forma autodidacta y con ayuda de familiares, había evolucionado en conocimiento y comprensión del mundo, lo cual me volvió antisocial por elección y por rechazo.

Actualmente los niños con alto rendimiento reciben una educación especial, en mi caso no tuve esa suerte y terminé estudiando prácticamente por mi cuenta. A partir del tercer año de primaria falté el 50% del tiempo en aula, solo cumplía con realizar los exámenes, tareas, algunos requisitos y listo. Me gradué con 9.8 de promedio.

Curiosamente a un lado de mi escuela primaria siempre ha estado el CENE (Centro de Educación Especial), mismo que al cabo de los años cambió de nombre a CAM (Centro de Atención Múltiple), escuelas exclusivas para niños con diferentes tipos de discapacidad, y es en este ambiente donde me sentía más cómodo, era más social y me sentía mayormente aceptado. Incontables fueron los días que entraba a la primaria regular y terminaba mis jornadas escolares en esta otra escuela “especial”.

A  la edad de 13 años estuve en la Escuela Secundaria Técnica No 5, durante este periodo la distrofia llevaba camino avanzado y mis problemas físico-motores se hacían más evidentes. El proceso educativo continuó igual que en primaria (autodidacta), viví y sufrí el acoso escolar por parte de mis maestros y compañeros de clase; motivos había para escoger: mi forma de caminar, mi falta de coordinación que me hacían incompetente para el deporte, mi forma de pensar, la falta de habilidades sociales, la falta de empatía hacia mí por parte de los maestros; y para colmo, no existían programas escolares contra el acoso escolar, ni tampoco había capacitación a maestros en este tema.

El siguiente es el recuerdo más presente en mi memoria de la secundaria: cursaba el tercer año, era periodo de evaluaciones finales, y mi maestro de la materia “Ética y Civismo” nos anunció que iba a poner en práctica un modelo democrático para nuestras respectivas evaluaciones finales. A cada uno se nos asignaría la calificación que el grupo entero (45 estudiantes) decidiera. Obviamente los más populares tuvieron las calificaciones más altas, mientras que yo obtuve un 7 de calificación final; gracias además a que logré subir un punto por un proyecto escolar opcional. Me gradué de secundaria con un 9.6 de calificación.

Al ingresar a la preparatoria el Colegio de Bachilleres del Estado de Sonora todo siguió igual, con la diferencia que para ese momento  estaba completamente acostumbrado al acoso escolar, a la falta de accesibilidad en la escuela y al maltrato por parte de los maestros. Me di cuenta, que  tenía dos opciones: rendirme y alejarme de todo, o continuar por más dura que se volvía la batalla.

Así fue como literalmente, arrastrándome por las escaleras una y otra vez, con mis muletas o mi silla de ruedas, logré concluir la carrera de Químico Biólogo Clínico en la Universidad de Sonora, la cual me exigió un gran esfuerzo físico y aún más lo sería en el Instituto Politécnico Nacional en mi intento de cursar la Maestría en Ciencias Químico Biológica. Es en este tiempo que, por los estragos en mi salud (causados por la falta de accesibilidad y al estrés por el rechazo de mis maestros y tutores), que decidí abandonar mis estudios de maestría a la mitad, siempre con la voz de mi tutor en la cabeza diciéndome “No esperes un trato especial por tu condición de discapacidad”. Pude haber peleado, pero estaba demasiado agotado para entonces.

Decidí dedicarme por completo al arte, mi gran pasión, mi hobbie que se volvió una forma de vida. A lo largo de 10 años me he especializado como actor en la Casa del Teatro, he participado en festivales nacionales e internacionales, me especialicé en Derechos Humanos en CONAPRED, y Puebla, mi hogar por adopción, me ha elegido para representarla en importantes encuentros culturales, como el 41 Festival Cervantino en Guanajuato, el Undécimo Encuentro para la Voz y la Palabra, CEUVOZ, en la CDMX o las mesas de trabajo organizadas por la Coordinación Nacional para la Infancia, Gobierno Federal este 2019. He trabajado para la Organización Panamericana de la Salud en República Dominicana como “Asesor Temporero” capacitando para la vida independiente a personas con discapacidad.

Por lo narrado, un constante sufrimiento fue mi experiencia en las aulas y el proceso educativo; todavía me lastiman ciertos recuerdos, y el deseo de haber tenido una educación más amable, menos agresiva, menos militar y más humana. A pesar de todo, hoy agradezco estas malas experiencias, pues mi persona evolucionó en pro de luchar por un cambio de paradigmas, donde todos, niños o adultos no seamos objeto de discriminación solo por ser diferentes.

Me preocupan los nuevos cambios, donde ahora se apuesta por “una educación inclusiva” dejando de lado la “educación especial”. En mi opinión, es muy difícil recibir una educación digna cuando eres un niño “neurodivergente” y con discapacidad, no hay suficientes apoyos, no hay maestros capacitados y existe un sobrecupo en las escuelas que vuelve la tarea más difícil. Necesitamos ser incluidos, pero también necesitamos estar en salones exclusivos para niños que  verdaderamente requieran educación especial.

En países de primer mundo existen ambos modelos de educación, es preciso encontrar estrategias para replicarlas en México y poder tener calidad. Pero sobretodo, necesitamos “diseño universal” en las escuelas y aplicar programas más contundentes para acabar con el “acoso escolar”, capacitando debidamente a los maestros en formación y actualizar a los maestros que ya están en las aulas.

Este es mi proyecto, esta es mi misión, por una educación de calidad, sin acoso ni discriminación.

Ciro Montenegro dirige el Colectivo “Sin Límites”, arte por la inclusión


Las opiniones publicadas en este texto son responsabilidad únicamente del autor y no reflejan necesariamente la postura del Blog Todo Incluido.

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One thought

  1. Ciro Montenegro eres digno de admirar, lo que me queda claro es que a pesar de las barreras que tuviste que enfrentar, saliste adelante, en tí no había discapacidad sino un ser humano con ganas de salir adelante y triunfar, la discapacidad estaba en la mente de todos los que participaron en ponerte barreras para aprender. Por tu testimonio percibo que fue poco el tiempo que te apoyó Educación Especial, no obstante eres un claro ejemplo de inclusión social y educativa (a pesar de tanta barrera) además de que eres un triunfador. Te felicito y admiro.

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