Niles Clipson cuenta que decidió dejar de ir al baño durante su estancia en la escuela. Esta determinación, que al leerse puede evocar cualquier clase de pensamiento cuando menos curioso, se debió a que los sanitarios no eran aptos para personas con género no binario, como es el caso de Niles; pero también a que estos lugares se encontraban rodeados de escaleras que, por su condición, no podría transitar. Niles es además una persona con discapacidad motriz.

La intersección de estas condiciones trae a menudo discusiones que son poco comentadas en círculos públicos. Se trata de especificaciones que instituciones y grupos sociales por igual, perciben como cualquier cosa menos como una necesidad. Las mujeres y los hombres trans atraviesan por distintos procesos, físicos y emocionales, que no son fácilmente perceptibles y que al sumarles el factor discapacidad les hacen sujetos de múltiples formas de discriminación.

Entre contraindicaciones por los medicamentos de transición y los derivados de la condición de discapacidad hasta las adecuaciones de la moda, las personas trans con discapacidad ponen sobre la mesa algunos temas de salud y política pública, así como los del cuerpo y la identidad, mientras se desarrollan entre barreras físicas y sociales que parecen convertirles en una clasificación aparte para ambas comunidades.

Diferencias entre transgénero y transexualidad

Hay que empezar señalando que, si bien a menudo la población en general llega a considerarles sinónimos, las palabras transgénero y transexualidad tienen significados y alcances diferentes. Aunque ambas hacen referencia a la identidad de género de una persona, la diferencia radica en que la mayor parte de enfoques relaciona a la transexualidad con la intervención quirúrgica y la modificación de genitales, mientras que lo transgénero se refiere a la condición psíquica y espiritual de una persona que se asume de un sexo opuesto al de nacimiento.

De acuerdo con una entrevista que realizó el portal Homosensual a la experta en medios digitales y activista trans, Ophelia Pastrana, en ocasiones basta con que una persona se autonombre transgénero o transexual para que se respete como su identidad. Esta declaración parece secundarla la comediante y youtuber trans española, Elsa Ruiz, cuando en su videoblog Lost in Transition menciona que le parece injusto hacer una diferenciación entre un concepto y otro, por lo que ella suele nombrar a esta identidad a través de un concepto sombrilla: personas trans.

En la imagen, la bandera trans (colores azul claro, rosa y blanco)

Si bien hay personas que se autonombran transexuales, el término transgénero es el que ha cobrado más fuerza en los últimos años. Esto puede deberse a que, como señala Human Rights Campaign, la palabra sexo evoca a una clasificación (lo masculino y lo femenino), mientras que el género hace referencia a los roles, comportamientos y actividades que se asocian con el ser hombre o mujer. Por ejemplo, Niles nació con cuerpo de mujer, pero decidió que su identidad sería no binaria, algo que manifiesta con su ropa y sus actitudes “neutras”.

Estas lagunas del lenguaje son con frecuencia el centro de discusión y no las implicaciones de las identidades, como la negación de derechos básicos o el ser víctimas de violencia. Según los datos recabados en un reportaje de la organización Pie de Página, México y Brasil son líderes en la región en cuanto a transfeminicidios (crímenes cometidos hacia mujeres trans, por el simple hecho de ser mujeres trans), además tienen una constante asociación de esta identidad con el trabajo sexual y los abusos por parte de las autoridades.

Lo cierto es que, tecnicismos a un lado, puede concluirse que lo trans incluye al cuerpo y a la identidad casi como detonantes, igual que ocurre con el mundo de la discapacidad. Ambas comunidades parecen encontrarse principalmente en temas que hacen referencia a cómo son sus cuerpos y cómo son percibidos, tanto por ellos y ellas, como socialmente para obtener un rol y comportarse de determinada manera.

Personas trans con discapacidad: entre el cuerpo y la identidad

La modelo transexual Aaron Phillip tiene claro que su papel en el mundo de la moda es atípico, por llamarlo de alguna manera, pues es un sector que “hasta ahora está dedicado a una sola idea del cuerpo”. Las declaraciones de Phillip van más allá de la talla, tema recurrente en las pasarelas, tiene que ver con el imaginario del “cuerpo perfecto” y las personas que aparentemente no lo cumplen, como ella.

Se trata de una mujer trans, afrodescendiente y con parálisis cerebral que ya ha tenido oportunidad de mostrarse en distintas campañas de marcas internacionales, así como en videos musicales como el de la cantante Miley Cyrus. Acompañada de su silla de ruedas y de rasgos poco usuales para las revistas, la modelo es el claro ejemplo del cuerpo incomprendido al no poder cruzar la pasarela del Fashion Week, el máximo evento de la moda, porque la pasarela no estaba adaptada para personas con movilidad reducida.

Este sector comercial sigue luchando por incluir a todos los cuerpos y todas las identidades en sus escaparates y distintas pantallas, pero en la cotidianeidad continúa realizando omisiones. Un ejemplo de esto es el llamado binder, prenda que utilizan los hombres trans para adaptar su torso de nacimiento por uno más acorde con el de su identidad. Niles Clipman dice en un testimonio abierto que esta prenda común en el sector trans, es inutilizable para personas con su condición.

Los dos ejemplos permiten apreciar que el cuerpo trans con discapacidad busca representación en el sector de la moda, pero ésta depende de un entendimiento profundo de las necesidades que conlleva. Las prendas y los espacios requieren de una revisión adecuada para que la tan ansiada inclusión sea total y no solamente en el discurso.

Pero la asociación del cuerpo con una identidad está relacionada también con la salud. Por ejemplo, las mujeres trans con discapacidad deben recibir un tratamiento médico adecuado para revisar las contraindicaciones de los medicamentos que se consumen para la transición. Algunos de éstos pueden provocar afectaciones cardiovasculares o en los pulmones, efectos que no pueden permitirse algunas condiciones como el Síndrome de Down.

Sumado a lo anterior, las condiciones psicosociales también deben tener un acompañamiento especial para que el proceso sea adecuado. La mayoría de las clínicas encargadas de procesos de transición cuentan con un área especializada que provee de las herramientas necesarias para que la salud mental de los hombres y las mujeres trans (con y sin discapacidad) no resulte afectada mientras se dirigen a su verdadera identidad.


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¿Cuántas personas con discapacidad viven con una identidad que no concuerda con su cuerpo? Quizá el dato resulte desconocido, pues muchos de los censos para ambos sectores carecen de una visión global que permita detectar todas las necesidades y particularidades de las personas que integran las respectivas comunidades. Tal vez la pregunta debe formularse de manera diferente, pero lo único cierto es que debe hacerse y llegó el momento de plantearla.