Hasta hace unos meses, la principal actividad desarrollada en la web era la de ingresar en redes sociales con una frecuencia del 73%, de acuerdo con datos de la Asociación Mexicana de Internet, mientras en el resto del mundo el número de usuarios de este tipo de plataformas subió a más de 321 millones. La comunicación, el entretenimiento y el ocio que ofrecen estos espacios digitales parecen dominar los hábitos de los usuarios.

Sin embargo, la situación de riesgo provocada por la COVID-19 ha generado un aumento en la demanda de los servicios que ofrecen plataformas digitales dedicadas a la salud. Tan sólo en Estados Unidos, empresas de ese sector han reportado aumentos de hasta 3200% en las visitas virtuales a las plataformas y las proyecciones siguen al alza, pues además de beneficiar en tiempos de contingencia, comienza a existir consciencia acerca de la telemedicina como aliada para la atención a adultos mayores y personas con discapacidad.

A decir de Emilia Salazar, Country Manager de la plataforma Doctoranytime, esta modalidad de atención médica a través de la tecnología “reduce la dependencia para trasladarse (a los servicios médicos) e incluso hace más conveniente al cuidador el ayudar a la persona con discapacidad” pues pueden buscarse hasta segundas opiniones sobre un diagnóstico sin necesidad de salir de casa y, además, a una fracción del precio que tradicionalmente ofrecen las visitas presenciales.

¿Cómo funciona la telemedicina? Consiste en el suministro de servicios de atención sanitaria con el uso de tecnologías de la información y comunicación para emitir diagnósticos, prevención y tratamiento de enfermedades, de acuerdo con la definición proporcionada por la Secretaría de Salud de México. La misma dependencia menciona que se trata de una ciencia abierta, pues incorpora avances tecnológicos y se adapta a los contextos cambiantes de la sociedad.

en la imagen, explicación de la telemedicina que puede encontrarse en el párrafo superior

Entre chats, videollamadas y demás herramientas de telecomunicación, el mundo post COVID-19 se enfila a un uso recurrente de esta práctica para satisfacer las necesidades médicas de la población. Sin embargo, el desafío para que esta clase de servicios en línea se adopten plenamente es el de la brecha digital pues, tan sólo en México, el 67% de la población no cuenta con una conexión a Internet.

La telemedicina también se enfrenta a retos relacionados con la accesibilidad para personas con discapacidad, por ejemplo, el de la interpretación en lengua de señas a pacientes que lo requieran. Al respecto, la Asociación de Pérdida Auditiva de Estados Unidos (HLAA, por sus siglas en inglés) emitió una serie de recomendaciones para este tipo de pacientes y hace hincapié en añadir subtitulado y sistema de closed caption, así como una pantalla lo suficientemente clara para distinguir las formas de comunicación mencionadas, entre otras medidas.

La adopción de algunas de las recomendaciones antes mencionadas produce también confianza en los pacientes ante la disponibilidad y flexibilidad del servicio médico en línea, lo que eventualmente se traduciría en una baja en el índice de abandono de terapias. Al respecto, Emilia Salazar comenta que “ya sea por falta de recursos económicos o por no poder desplazarse con facilidad, muchos pacientes con discapacidad pueden optar por abandonar terapias y tratamientos que aportan a mantener su calidad de vida”, y agrega que con las herramientas que brinda la telemedicina se genera sinergia pues “los médicos a distancia pueden complementarse con una enfermera o médico de primer contacto que puede encontrarse fácilmente en comunidades más pequeñas”


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La nueva normalidad incluye adoptar hábitos que parecían un lujo para la población, pues ahora la conexión al entorno digital se vuelve primordial para el acceso a la salud. Muchas de las iniciativas privadas ya cuentan con algunos elementos para este efecto, como los chats gratuitos o líneas telefónicas abiertas para solventar las necesidades de los pacientes. La revolución de las telecomunicaciones finalmente nos alcanzó y parece que llegó para quedarse.